Con este peculiar nombre nos dan la bienvenida en un restaurante de lo más castizo. Los azulejos amarillos de la entrada se diferencian desde metros de distancia, y para quienes conocen la cocina de esta singular tasca de tapeo, se trata de uno de los puntos de paso obligado en la noche madrileña. Un largo pasillo con mobiliario de madera vieja, coronado por decenas de vinos que reposan en bodegas improvisadas en el techo transforman el ambiente de este lugar acercando al cliente la tradicional taberna castiza y envolviéndole en una atmósfera cercana y agradable donde las haya.
Situado en la calle de la Cruz, en pleno barrio de Huertas, Las Fatigas del Querer ofrece raciones, tapas y pinchos a buen precio y en gran cantidad.
Una recomendación: la sepia. Su intenso sabor condimentada con ali-oli y acompañada por una ensalada contundente es un auténtico placer para el paladar. Los huevos estrellados con jamón es otro de los platos protagonistas de este restaurante.
Quizás tengas que esperar hasta una hora para conseguir mesa, por lo que te recomendamos que vayas con tiempo, especialmente si es fin de semana. Aunque siempre puedes disfrutar de unas copas de sangría en la barra, una de las más famosas de Madrid. Servida en jarras de barro de dos litros, es casera 100%. Además disponen de una extensa carta de vinos de todo tipo.
La atención es excelente, y aunque en ocasiones pueden estar muy ocupados por el abarrotamiento del salón, siempre tratan de atenderte a la mayor brevedad.
Si quieres disfrutar de una noche de tapas en uno de los barrios más animados de la ciudad, no te pierdas Las Fatigas del Querer.


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